BIOGRAFIA
Hector Lavoe was born
to sing. As Latin music evolved from the boogaloo of the late '60s to the salsa
boom of the '70s, Hector Lavoe was at its forefront and "El Cantante" (the
singer) of some of its most representative songs.
Born Hector Juan Perez in Ponce, Puerto Rico, on September 30, 1946, he was
influenced by the Latin singers he heard on the radio, Daniel Santos and Chuito
el de Bayamon, just to name a couple. As he grew more involved in music, he
drew his inspiration from Puerto Rico's great sonero Ismael Rivera, as well as
Cheo Feliciano. These influences are obvious in Lavoe's singing style: He
attacks the son and montuno like the masters Rivera and Beny Moré, but Lavoe's
natural talent for improvosation made him unique and very popular with salsa
fans.
At the age of 17, Lavoe decided to quit music school in Ponce and set his
sights on a singing career in New York City. By 1966, he found himself fronting
Willie Colon's orquestra. Lavoe and Colon formed a partnership that would go on
to span 14 albums, nearly all of which are gems in the world of Latin music. In
1973, Colon left Lavoe in charge of his orquestra, pushing Lavoe into his solo
career. Without Colon, Lavoe's solo efforts only reconfirmed his singing
ability and his inevitable rise to stardom.
The pressures of being a huge salsa star were apparently too great for Lavoe.
He had a difficult time handling his success and suffered a number of personal
setbacks along the way. But Lavoe's fans never forgot about him and he always
came back singing. In 1987, his final album, Strikes Back was nominated for a
Grammy.
With all the excess, fame, fortune, and tragedy from such humble
beginnings, Hector Lavoe's life has gone on to symbolize the salsa era of the
'70s. With Willie Colon, Lavoe helped shape the salsa sound of the '70s. As a
solo artist, he defined the salsa sound of the '70s. And as one of the lead
singers of the Fania All Stars, Lavoe was the star among stars..."El Cantante
de los Cantantes."
Written by Roberto Ledesma, All Music Guide
BIOGRAFIA :
Era un 30 de Septiembre, año
1946, Pachita sentía los dolores en su vientre con más intensidad que otros
días. Don Luis Pérez esperaba impaciente, no era para menos, su esposa estaba
por dar a luz a un nuevo integrante familiar. Al rato la noticia llega, un
varón. Sí, un varón. De esta manera, un recién nacido hacía contacto con el
mundo en la ciudad sureña de Ponce-Puerto Rico. El pequeño Héctor Juan llegaba
al mundo, y su modesta familia, Los Pérez Martínez, se preparaban para
recibirlo.
El pequeño Héctor fue creciendo, y cuando cumplió los catorce (1960), juntó un
pequeño grupo de diez músicos y cantaba en las noches ponceñas llegando a
ganar, según cuentan, hasta $18 dólares por noche. Héctor tenía una prodigiosa
voz y se lucía con ella en reuniones con los amigos, e incluso decía que su voz
la había heredado de su mamá -su madre muere cuando Héctor tenía tan sólo tres
años.
Héctor emigró un 3 de Mayo de 1963. Tenía sólo diecisiete años. Su destino,
Nueva York. El Hombre ya había elegido su destino, ser El Cantante. Para
ganarse "el pan de cada día" tuvo que hacer algunos trabajos y en las noches
cuando podía buscaba la farra,la milonga , el baile.
Sin embargo, Hector no llevaba ni dos semanas en Nueva York cuando fue invitado al ensayo de un grupo en formación Los músicos escucharon a Héctor. No necesitaron más. Fue suficiente para convencerlo para que de integrara su banda. El dinero que ganaría no sería mucho, pero sería significativo para el tiempo que llevaba allí. Cuando surge La Fania, Jerry Masucci y Johnny Pacheco eran los dueños y fundadores. Un adolescente Willie Colón recurre a ellos con un cassette que había grabado con su pequeña banda. Johnny Pacheco, también director de grabaciones acepta el cassette, pero no le gustó mucho el vocalista de la orquesta de Colón pues parecía que imitaba, tal vez sin darse cuenta, a imitar a Ismael Quintana (vocalista de la orquesta de Eddie Palmieri) y le propuso en su lugar a Héctor Juan Pérez. Es así como surge el llamado "Matrimonio feliz de la Salsa" entre ambos genios de la música (Willie y Héctor). En 1967 saldría su primer LP. "El Malo", luego vendría "The Hustler", y con ellos el éxito.
Héctor
tenía una hermosa voz, nació con ese don que supo cultivar. El hombre se había
convertido en El Cantante y era el preferido de la gente. Fue el cantante más
representativo de la Fania. Era sin duda El Cantante de los Cantantes, y así se
le llamó. Casi nadie había logrado mantenerse como primera figura en una casa
discográfica, sólo Héctor lo logró en aquel tiempo. El estilo de Héctor era
único, llegaba al público con una sencillez y fuerza envidiables. Tenía
facilidad para el "soneo", esas partes improvisadas de la canción en la que el
cantante tiene que ingeniárselas para crear frases cantadas y que vayan con la
música. Cuando soneaba con otros cantantes en el escenario -La Fania All Stars-
éstos tenían que ingeniárselas también para superar a Héctor.
"El matrimonio feliz de la salsa" duraría tan sólo siete años. Los años de 1967
a 1974 serían de éxito tanto para Willie como para Héctor. Sin embargo, el
repentino éxito de Héctor Lavoe lo cogió desprevenido. Nuestro cantante llevaba
una vida desordenada y no supo adaptarse al cambio que experimentó. Es conocida
su adicción a las drogas que lo llevó a tener más de un problema con Willie y
con las presentaciones a las que Héctor acudía sobreestimulado. A veces ni
llegaba, lo que motivó la decisión de Willie Colón de separarse de Héctor Lavoe
en el año de 1974.
Después de haber estado en
tratamiento y de haberse reconciliado con Nilda, su fiel pareja, y de superar
sus inseguridades al iniciar su etapa como solista, vuelve "La Voz". Realiza
giras por varios países, como solista y con La Fania All Stars. Los discos de
oro no tardarían en llegar. Ahora a Héctor sólo le faltaba quitarse de encima
esa bronca que tenía con su viejo para que la felicidad sea completa y pueda
reconciliarse finalmente con el gran Don Lucho. Héctor Lavoe regresa a su Ponce
querido y un Don Lucho, trajinado por los años, lo recibe. Aquel día un
triunfador entró por la puerta. Héctor Lavoe demostró al mundo que también
podía triunfar sólo sin depender de nadie, y ahora con propia orquesta y todo.
Estabilizado en su vida personal y musical, esos grandes "días de su suerte"
parecen llegar; si embargo...
Héctor antes de viajar a Nueva York ya había soportado dos muertes: la de su
mamá y la de su hermano, éste último muerto por consumo drogas en la misma
"selva de cemento" que lo viera triunfar, Nueva York. Casado con Nilda, Puchi
como cariñosamente le llamaba, soportaron juntos la muerte de su suegra, quien
fue asesinada. Otra tragedia vivieron con el incendio de su casa en Queens. Sin
embargo allí no terminaría esa mala racha de muertes, pues el nuevo entorno
familiar formado por Héctor Lavoe se vería reducido con la muerte de su hijo
Héctor Luis. Éste murió por el disparo de un arma que un amigo suyo limpiaba.
Héctor Luis tenía tan sólo diecisiete años y aún estaba en el colegio. esta fue
una pérdida de la que Héctor jamás se recuperaría. A esto, unida su adicción a
las drogas, son tragedias que la vida en general y la propia hacen que El
Hombre no pueda soportar. El destino del Cantante se hallaba en la vida
personal del Hombre, y éste sufría.
Así como su tierra, Puerto Rico,
lo vió nacer; su capital, San Juan, lo vió caer. Era el mes de Junio, año 1988.
La mañana del 27 de Junio, "Los periódicos de ayer", de la época, colocaban en
sus portadas la fatal noticia. Héctor Lavoe se había lanzado del noveno piso
del hotel Regency en San Juan de Puerto Rico. El ídolo de multitudes, según los
partes policiales dijeron que fue intento de suicidio; por el contrario, los
representantes de Héctor Lavoe dijeron que fue accidente. Los periódicos
comenzaron a especular que el Cantante tenía sida y que ello habría sido la
noticia que necesitaba el Cantante para acabar con su existencia. Los
periódicos dijeron de todo.
Su esposa Nilda y su hija Leslie ayudaron a Héctor en los difíciles momentos
siendo intervenido quirúrgicamente repetidas veces. Héctor dejó de ser noticia
para algunos, se dijo que jamás se recuperaría. Después de aquel accidente y
ante el olvido, Hector pocas veces pudo sentir los aplausos de la gente, no
sería el mismo.
Fueron difíciles años de agonía los que se vinieron para Héctor. Era el año de
1993, principios de año, cuando se comentaba la reaparición de Héctor Lavoe en
una discoteca de Manhattan. Se habían organizado ya anteriormente homenajes a
Héctor en los que no pudo cantar canción alguna originándose tristes recuerdos
para los salseros quienes presenciaban como su cantante apenas podía balbucear.
En Marzo de ese año, un
maltratado Héctor hemipléjico del lado izquierdo de su rostro, cojeando de la
pierna izquierda hace su reaparición en el escenario del club Las Vegas, en
Manhattan. El esfuerzo del cantante se pudo apenas apreciar en las pocas
canciones que pudo cantar debido a su parálisis facial. Pero no era El
Cantante; eran rezagos del Cantante. El Cantante muere en 1988 con la caída
desde un noveno piso de un hotel en la ciudad de San Juan de Puerto Rico. Sin
embargo el espíritu del cantante nunca murió: El final del hombre no tardaría
en llegar meses después de su presentación en Manhattan. La fecha fue un martes
29 de Junio de 1993. Héctor tenía 46 años.
El cantante muere en Junio de 1988, con su caída desde un noveno piso; el
hombre haría lo propio cinco años después, en Junio 1993. Pero el espíritu
musical de Héctor vive y está presente hoy en el mundo. Porque lo que Héctor
hizo en vida quedará grabado no sólo en los discos ni en las cintas, sino
también en la mente de sus seguidores del mundo entero y la misión de ellos es
transmitir ese legado musical que Héctor recogió de la calle, de los barrios, y
de la vida. Y sus canciones están allí para hacernos recordar que Héctor Lavoe
será siempre...
La gente de Americasalsa me pidió
que escribiera una nota al cumplirse 10 años de la muerte de Héctor Lavoe. No
puedo escribir nada nuevo, ya todo se ha dicho en los innumerables artículos
que poblaron las redacciones de los medios de comunicación tradicionales y
también del ciberespacio.
Pero siempre habrá alguien a quien el nombre del gran puertorriqueño les
resulte una incógnita, ya sea por su juventud o por vivir en países donde la
tradición salsera no sea preponderante en materia musical, por ejemplo el caso
de mi propio país la República Argentina, con una incipiente pero relativamente
modesta inclinación por el gusto de la Salsa.
Digo entonces, desde mi admiración por su talento y dolor por su pérdida que
jamás escuché una voz tan limpia y clara como la de Héctor, con ese fraseo
único para decir, un canto sencillo y directo, un sonero que se expresaba en el
argot cotidiano de sus pares, los habitantes comunes y corrientes de cualquier
barrio latino que lo convirtieron en su representante cantando en una tarima.
Todos ellos sabían de los vaivenes en su vida, desde su condición de adicto
irrecuperable hasta sus contradicciones, desde la reivindicación de su
condición social "Yo soy simplemente un jibarito" hasta sus llegadas tarde a un
concierto, nada condicionaba el amor de su gente, era un pueblo que lo amaba
simplemente porque era uno de ellos.
La moral hipócrita de una parte dela sociedad contemporánea condenaba los
efectos y no las causas del comportamiento de la estrella de la salsa, condena
que escondía en la entrelínea de su discurso condenatorio el ocultamiento de la
actitud que ellos tenían en su vida personal, ellos también eran adictos, claro
no se drogaban en oscuros callejones, en la perla o en cualquier otro suburbio,
lo hacían en elegantes mansiones si hacer pública su adicción. Eran cómplices,
vivían de su talento y se aprovechaban de la debilidad del ídolo, del "cantante
de la gente".
Héctor les produjo ganancias increíbles aún después de muerto, estos mercaderes
de la muerte y asesinos culturales se aprovecharon de él mientras les producía
inmensas ganancias para abandonarlo luego a su suerte, y a su muerte, pero eso
sí acompañado de una frase misericordiosa "que dios te ayude", nosotros ya no
lo haremos.
Su pueblo le era fiel, esa otra parte de la sociedad no lo condenaba, lo
amaban, víctimas muchos de ellos como fenómeno de una época y un sistema del
mal que aquejaba a Héctor comprendían su enfermedad y perdonaban sus errores y
actitudes.
Desde Argentina yo simplemente nunca te olvidaré. Hasta siempre Maestro.
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